Hay semanas que, cuando terminan, no se desean recordar nunca más. Esta pensé que sería para mi una de esas semanas, aunque al final, sólo en parte. ¡Que mal empezó! Sin entrar en detalles, simplemente ocurrieron hechos por los cuales noté como se caía el mundo… y el bofetón que se metió al final.
Sin embargo, el mundo no te permite pararte, no puedes bajarte un par de días del tren para recuperarte. La mañana siguiente, el trabajo es una obligación que no hace favores ni espera… hay que levantarse, poner buena cara y seguir con ello.
Luego, según pasan los días, te das cuenta de la gente que está a tu alrededor ayudándote a subir de nuevo, constantemente, parece que su único trabajo diario sea dar ánimos y cuidarte, descubres que tienes tus propios tesoros que valen más que una casa en “The O.C.”.
Mi único consejo para esas etapas de caída es buscar esos pequeños detalles que te hacen casi “verte desde fuera”. Ayer por la noche volvía cerca de las 2 de la mañana por la M-30, con muy pocos coches, y me sentía bien, conducir por la noche en una autopista sin coches es algo que me encanta. Que tonterías, ¿verdad? Pues funcionan…
Bueno, toca irse a la oficina un rato, que de tanto trabajar en casa parezco un “bicho de cueva”.
Niña, gracias por todo, no te imaginas lo que valen esos ratos de risas… con los zapatos y los modelos moleculares jajaja. ¡Arriba esas catalanas!
P.D.: Soy rebelde en libertad, lucharé con la esperanza que pueda sentir mi corazón, soy rebelde en libertad… xDDDDDD