Los ordenadores portátiles se han puesto de moda en estos tiempos, de hecho, mucha gente empieza a seleccionar uno como ordenador de sobremesa para su domicilio. Ventajas tienen muchas, la principal es llevarlo a cualquier sitio de la casa sin mayor problema.
Al tener sus componentes integrados en muy poco espacio, sobre todo en aquellos modelos de tamaño más reducido, la ventilación debe estar estudiada e integrada de la mejor forma posible: los fabricantes invierten mucho en este aspecto.
Sin embargo, con el paso de los meses, muchas veces el portátil empieza a calentarse más de lo habitual, el ventilador suena más y mucho más a menudo… normalmente esto es debido a la suciedad que entra por la salida de ventilación, y en su caso extremo, puede llegar a taponar la salida de aire. Si esto ocurre, además de que la temperatura suba, el rendimiento del equipo se verá afectado y los componentes sufrirán más, llegando a una avería con el paso del tiempo.
Podemos optar por enviar el equipo al centro de soporte técnico de nuestro fabricante, pero esto implicará estar un tiempo sin nuestro equipo y si el equipo no está en garantía, el pago de la reparación. Si no tenemos miedo a “trastear” un poco con nuestro portátil, podremos limpiarlo nosotros mismos.
Con el ordenador apagado, y la batería desconectada, procederemos a buscar en la parte trasera los tornillos que dan acceso al procesador. Esta apertura depende del fabricante y del modelo del portátil, normalmente será fácil localizarla porque de todas las tapas que se pueden quitar, será la más grande. Nos encontraremos con algo parecido a esto:
Tendremos que desmontar la base del ventilador y su soporte, una operación diferente en cada marca de portátil. Si nos fijamos donde están los tornillos, será sencillo y con cuidado, podremos desmontar el ventilador y limpiar la suciedad acumulada.
Un último truco: amontonar los tornillos de cada parte en montones distintos, aunque puedan parecer iguales, no suelen serlo… evitaremos problemas al volver a montarlo.


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